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lunes 9 de enero de 2012

Khalil Gibran- "Espíritus rebeldes" (1908)


"En nuestras calles estrechas, el mercader vende sus días para ganar el tributo a los explotadores ladrones de Occidente, pero nadie le aconseja. En los infértiles campos, los labriegos aran la tierra y plantan las semillas de sus corazones, pero no recogen más que espinas y nadie les enseña el verdadero sendero. Por nuestras áridas planicies vaga descalzo y hambriento el beduino, pero nadie se apiada de él. Desde el principio de los tiempos hemos vivido en las tinieblas, y somos llevados como prisioneros de una celda a otra, mientras el tiempo se mofa de nuestra condición. ¿Cuándo llegará el día? ¿Hasta cuándo soportaremos el escarnio de los siglos?

Muchas piedras hemos acarreado y muchas cadenas han aprisionado nuestros cuellos. ¿Hasta cuándo soportaremos este ultraje humano? La esclavitud egipcia, el exílio de Babilonia, la tiranía de Persia, el despotismo de los romanos, la avidez de europa... todo esto hemos sufrido.

¿Hacia dónde vamos ahora, y cuándo llegaremos a los sublimes confines de este sendero peligroso?"

sábado 26 de noviembre de 2011

Los cadáveres de la democracia

El pasado Miércoles se hizo pública una noticia tan interesante como ilustrativa y esperanzadora. El gobernador de Oregón suspende la pena de muerte en el estado hasta el final de su mandato.

Gran noticia para los derechos humanos.

Pero no nos quedemos en la celebración y profundicemos un poco para comprender qué ha pasado.

Al leer la noticia podemos comprobar que no es una iniciativa promovida por factores políticos (no obedece a la presión de ninguna entidad ni lobby), sino exclusivamente por elementos personales y de conciencia del gobernador. Esto es novedoso.

La cuestión es que el estado de Oregón no se ha destacado especialmente por el número de seres humanos castigados por la pena capital, ya que desde que se instauró nuevamente, en 1984, "sólo" dos seres humanos la han padecido.

Lo que hace muy interesante la noticia es que el gobernador que firmó esas dos condenas, es el mismo que ahora acaba de suspender la pena de muerte. ¿Qué ha pasado?

John Kitzhaber fue gobernador del estado durante los períodos de 1985-1992 y 1995- 2003. Fue en este último mandato cuando ejecutó a los dos infelices condenados. En 2010, volvió a ser elegido para el cargo.

En el intervalo entre 2003 y 2010 algo le ha debido de ocurrir para ser tan contradictorio.

"Fueron las decisiones más agónicas y difíciles que he tenido como gobernador, y lo he revisado y preguntado una y otra vez en los últimos 14 años", ha confesado ahora.

Cualquiera que haya podido leer la excelente novela de Dostoievski "Crimen y castigo" comprenderá qué es lo que le ha pasado en esos 14 años.

Los dos cadáveres se han levantado de su tumba cada noche durante estos 14 eternos años para ir a visitar al señor kitzhaber en su cama y reclamarle justicia.
Le han venido a visitar cuando jugaba con sus hijos, cuando hacía el amor con su mujer (si los tiene), cuando celebraba los cumpleaños... En la mirada de cada joven que le recuerde sus rostros... Ha vivido un auténtico infierno cuando su conciencia se ha despertado y ha cuestionado todo aquello en lo que creía. Firmó las condenas en nombre de sus ciudadanos, en nombre de una ley. Pero las firmó él.

Ahora vuelve a estar en el cargo. Y para Diciembre le tocaba ejecución.

"La pena de muerte practicada en Oregón no es imparcial ni justa, ni rápida ni certera. Y no es aplicada de manera igual a toda la gente", "es hora de que Oregón considere otro acercamiento. Rehúso ser parte de este sistema desigual y comprometido por más tiempo, no permitiré más ejecuciones mientras sea gobernador". Esta es su respuesta.

37 seres humanos son los beneficiados directamente por esta acción de conciencia.

Los cadáveres vuelven a sus tumbas, el trabajo está hecho y todo está en su sitio.

John Kitzhaber duerme por fín toda una noche del tirón. Tal es el peso que se ha quitado de encima.

Con terminos como guerra justa y muertes en nombre del orden, la democracia y la libertad, creemos tapar el grito de todos los inocentes, de todos los seres humanos eliminados sin dignidad. No nos engañemos, los muertos de la democracia también gritan ¡justicia! También perseguirán nuestras conciencias en el grado en que las hayamos permitido, alentado o ignorado.

Me pregunto cómo dormiran estos tres si su conciencia se despierta...¿Qué harán para equilibrar las cosas y callar a sus muertos junto a la mesita de noche?



¿Y nosotros?

domingo 13 de noviembre de 2011

Pekín Express


Interesante programa la noche de los domingos en Cuatro. Supongo que lo conoces pues esta es su cuarta edición. La novedad de este año es el cambio de escenario y en lugar de recorrer Asia, han pasado a celebrar su peculiar carrera en la tierra madre africana.

Debo confesar que no he visto las anteriores ediciones. O, por lo menos no las he seguido semana a semana.

Me gusta porque permite muchas lecturas desde distintos ángulos. Las parejas concursantes deben recorrer grandes distancias sin dinero. Están abandonados a su suerte y, sobre todo, a la generosidad de su entorno.

Paran coches en medio de la carretera para que les lleven gratis al lugar de destino, duermen en casas a las que pican a la puerta como desconocidos, siempre apelando a la hospitalidad de la gente que se encuentran. En ocasiones logran que la gente les pague billetes de autobús, o les ayudan, muy comprometidos en cualquiera de las pruebas que deben superar.

Insisto, siempre contando con lo mejor de una gente a la que, de repente, una carrera de unos europeos les pasa por delante de la puerta.

El tratamiento del programa en general con la gente, la cultura y los países que recorren es bastante correcto. Hace pedagogía y trata de mostrar las verdaderas realidades de los lugares. Es de agradecer la ausencia de frivolidad.

Otra cosa son los concursantes. Hay de todo. Hay quien está encantado de la experiencia, hay quien compite, hay quien se asquea de todo y alguno hay que incluso ha mostrado comportamientos y actitudes claramente racistas y clasistas, que consiguieron removerme el estómago y sentir mucha vergüenza ajena. Pero esto es minoría, gracias a Dios.

Pasadas las semanas y con el lógico agotamiento de una carrera realmente dura, incluso los más motivados y encantados, comienzan a perder las formas, y lo que antes era todo educación ya se ha convertido en falta de respeto, desgana, y mala educación a veces con aquel al que le estás pidiendo un favor.

Pero creo que es producto del cansancio y la tensión, nada grave.

Lo que me gusta ver, programa tras programa, además de la evolución de los concursantes, y de los lugares que visitan, es la manera tan relativamente sencilla que tienen de ser ayudados en cualquier situación. Y están visitando los lugares más pobres del planeta. Siempre aparece alguien sonriendo ofreciéndose para transportarlos a cualquier lado, para cederles un espacio para dormir, para compartir su escasa comida, para conseguirles todo aquello que necesitan. Sin recibir nada a cambio. Sin suponer una molestia. Sonrisas y más sonrisas.

Gracias a ellos, una carrera- espectáculo como esta es posible.

Ahora hago el ejercicio de imaginarme la carrera al contrario. Sueltan en Europa a varias parejas de indígenas africanos. Sin un euro. Y... ¡Que comience la aventura!

Me los imagino en medio de la Diagonal, intentando parar uno de nuestros coches para ir a Tarragona, por ejemplo. ¡Pobres! ¿Qué les explicarán a los mossos de Puig?

Trato de pensar en ellos cuando tuvieran que picar una de nuestras puertas en la noche, pidiendo un espacio para dormir gratis... ¡Ojalá algún día la televisión pueda mostrar esa cara nuestra!

Esa misma carrera sería absolutamente imposible en nuestro entorno, pues como decía antes, apela a lo mejor de la gente. Cada día tenemos "negritos" abandonados por una patera que se encuentran en la misma situación que nuestros concursantes. Pero ellos, a pesar de no estar jugando, se juegan la vida y, en ocasiones la de sus hijos.

Cualquiera que haya viajado un poco y haya tenido la fortuna de atravesar esa línea imaginaria que separa el mundo rico del pobre, sabe que esa actitud de ayuda de la gente es constante. Y siempre con esas sonrisas....

Me gustaría que el entorno en el que debo criar a mis hijos fuera capaz de ayudar a quien lo necesita con la misma generosidad que ellos.

martes 18 de octubre de 2011

desmontando paradigmas II: si no hay dinero, no se puede hacer

La primera vez que lo escuché estaba colgado del brazo de mi madre enfrente de un escaparate. Trataba de convencerla, a la manera de los críos, para que me comprara algo que ya ni recuerdo. Ella zanjó la polémica con esa demoledora frase:
"Si no hay dinero, no se puede hacer"

Desde entonces he reflexionado un poco en cómo nos hemos acostumbrado a que las cosas acaben con esa frase.

Incluso ahora parece que el dinero ha tomado una posición tan elevada que rige nuestras vidas por completo. No sólo tiene el poder de que se materialicen las cosas, las ideas de los humanos, sino que ahora, además, tiene la conciencia para decidir cuáles hace realidad.

¿Y cuál es su criterio?

Fácil. Sólo subvenciona aquellas iniciativas que ayudan a generar más dinero. Es como un virus extraterrestre explotando a la humanidad para clonarse y multiplicarse perpetuamente. Ese es su criterio.

Con esta lógica, quedan fuera de la realidad todas aquellas iniciativas que benefician al ser humano, o a su entorno vital, que no cumplan la condición de generar más dinero.

Si quiero y tengo la capacidad de montar una empresa de armas, el dinero me pondrá alfombras y flores en la entrada de sus bancos.

Si quiero montar una asociación por la paz, el guardia de seguridad impedirá la entrada de este piojoso idealista.

Si quiero montar alguna industria para explotar los recursos de cualquier otro país con una soberanía secuestrada y además invertiré los beneficios en paraísos fiscales, me lloverán las ofertas.

Pero si quiero montar una iniciativa de pedagogía ambiental con una comunidad que no recicla, ni tiene sensibilidad con un tema vital, la respuesta será unas cuantas risas.

Si quiero matar y destruir, el dinero lo hará posible.

Si quisiera construir un orfanato.....

Por eso aceptamos esa respuesta cuando nos dicen que no se acaba con el hambre en el mundo, porque no hay dinero.

Costaría unos cuantos miles de millones hacerlo realidad. ¡Cómo si la comida no existiera!

Sin embargo aceptamos gastar ¡4000 millones de dólares! DIARIOS en gasto militar para mantener este orden asimétrico y perverso.
Como no hay dinero, no se hace. Como hay dinero para matar y por matar, se hace.

Pero si pienso un poco más, me doy cuenta que no es el dinero el que hace posible las ideas de los hombres, sino su voluntad. Es la voluntad lo que el dinero realmente puede comprar.

Si las pantallitas de los expertos están llenas de números rojos, significa que hay crisis y por lo tanto pobreza. Pero yo me pregunto ¿qué es lo que cambia de un día para otro para que todo cambie de esa manera?

Hambre, recortes en salud, educación y servicios sociales (en los países en que tenemos), desahucios, familias en la calle. Todo esto viene determinado por la interpretación de unos expertos de los datos de unas pantallitas que no se qué diablos miden.

Si no hay dinero, no se puede hacer.

Pero, ¿acaso los árboles dejan de dar frutos?¿los campos pierden su fertilidad? ¿Los médicos han olvidado curar? ¿ya no tenemos los materiales y el conocimiento de fabricar casas y puentes? ¿Los maestros ya no saben enseñar nada?

Todo eso está, pero sin dinero, no hay la voluntad de hacerlo. El médico no cura si no cobra. El maestro no enseña si no cobra. El albañil no construye si no cobra. El poeta no sueña si no cobra.

Si seguimos aceptando esta lógica, 36000 niños morirán mañana por desnutrición y nuestro olvido. Pero siempre les podremos decir como a nuestros hijos cuando quieren que les compremos algo:
"si no hay dinero, no se puede hacer.... lo siento"


lunes 10 de octubre de 2011

Desmontado paradigmas- "La ley del más fuerte"


A lo largo de mi vida, he dedicado mucho tiempo y energía a desaprender.

Al principio era un proceso largo y farragoso, tratando de cuestionar y analizar cada una de las verdades que venían incorporadas en mi educación.

Un día, en un supermercado observé una montaña de latas perféctamente apiladas. Al momento mi inquietante imaginación me trajo la imagen de todas esas latas como si fueran todas esas verdades que trataba de desmontar en mi cabeza. Estaba realizando una labor de extirpación quirurjica metódica, ordenada y pulcra. Pero por un momento, al observar detenidamente la montaña de latas pensé que lo mejor para desmontarla era quitar las de abajo. El resto se desplomaría.

Fué un gran descubrimiento, a la vez que un gran alivio. Las latas de abajo representaban las "grandes verdades" sobre las que se sostenían las demás. Los paradigmas o axiomas que daban validez al resto de pequeñas verdades. Al localizarlas y extraerlas primero, las demás caían solas.

Una de esas grandes verdades aceptadas interiormente, sin que pasen por un higienico proceso de revisión, es una frase comúnmente aceptada como una verdad incuestionable: "La evolución es el proceso de supervivencia del más fuerte."

Y nos quedamos tan anchos.

Pero, ¿de dónde viene esa visión? y, sobre todo, ¿cuánto de verdad contiene esta afirmación?

En 1831, uno de esos hombres excepcionales que nos regala la historia de vez en cuando, cruzaba la pasarela del Beagle, el barco en misión científica en el que le habían contratado, para una travesía que duró cinco intensos años. Un viaje cuyos resultados cambiarían para siempre nuestra mirada sobre el mundo. Y sobre nosotros mismos.

Charles Darwin puso su mirada en todo lo que vió para mostrarnos el proceso más mágico de todos los que hemos sido capaces de comprender. Nos enseñó que la vida no es algo quieto, estable y completo. Es un proceso dinámico, en constante cambio. Nos abrió la puerta a la magia de la evolución.

Era tan grande lo que descubrió que pasó más de 20 años antes de dar a conocer públicamente su idea. ¡Todo un ejemplo de prudencia y humildad! Al final, presionado, casi fue obligado a proponer su teoría de la evolución de las especies.

El mismo trató de poner mucha prudencia en sus ideas, temiendo que pudieran ser malinterpretadas o que trajeran grandes males para la humanidad. Desgraciadamente no lo consiguió, pues si el humano puede cagarla, no hay casi ninguna duda de que lo hará. El miedo de Darwin se vió confirmado con el nazismo, la eugenesis y algo más difuso, pero más tenebroso si cabe, llamado Darwinismo social, para mayor verguenza del pobre Charles.

Algunos tratan de mezclar las leyes de la biología con el comportamiento social. Si bien tienen puntos en común, la segunda dispone de un elemento del que carece la primera: la conciencia.

Si indagas un poco por el concepto del darwinismo social, podrás comprobar como se ofrece como colchón intelectual, filosófico y científico de ciertas verdades que hacen que el mundo de los humanos sea tal como es. Este sistema social que hemos montado está diseñado para ser una competición entre nosotros, para ver quién es el que prospera, como si fueramos machos enseñando nuestras plumas ante la frágil hembra que está tratando de seleccionar nuestros genes. El más fuerte sobrevivirá. el débil desaparecerá por el simple hecho de serlo.

El mismo Darwin, que ya tuvo que pelear en vida con esa inexacta visión, defendió en su día que la política social "simplemente no podía guiarse por principios de lucha por la supervivencia y selección natural".

Ese principio justifica la mayor parte de las desigualdades que vivimos en este planeta y es pilar fundamental de la cultura de violencia que sufrimos.

Ese principio es falso. O por lo menos inexacto. La teoría de Darwin no nos habla exclusivamente de la supervivencia del más fuerte, sino de la supervivencia del más apto.
A veces, y solo a veces, el más apto es el más fuerte.

En otras ocasiones, el más apto es el más débil. Sólo hemos de mirar nuestro glorioso pasado evolutivo, cuando vivíamos llenos de pelos, quitándonos los piojos unos a otros en las ramas de los árboles. Llegó un momento en que allí no había paraíso para todos, así que los más fuertes, seguramente, bajaron a hostias a los más débiles, quedándose para ellos las copas de los árboles.

El pobre y débil animal humillado, se encuentra en el suelo con un cuerpo adaptado para los árboles. Pero se defiende. Poco a poco se yergue y libera sus extremidades delanteras. Hoy, este que escribe y tú que lees, somos descendientes de esas pobres bestias que fueron los más débiles en los árboles y los más apañados a dos patas.

Otro ejemplo para demostrar que ese axioma no es válido, es que si el éxito en la evolución se basará en ser más fuerte, no ha habido sobre la Tierra animales más fuertes y grandes que nuestros primos los dinosaurios. Pero mira por donde los que progresaron en uno de los mayores cataclismos que hemos debido afrontar fueron los pequeños mamíferos. Como antes en el mar los que prosperaron fueron los que se adaptaron a respirar oxigeno y ser débiles en el agua.

Ese es el principio verdadero: la supervivencia del más fuerte, se transforma en el progreso del más apto.
Quizás ahora las actitudes que nos hagan más aptos para progresar en la vida no sean las propias de ser el más fuerte, acaparar posesiones, cometer injusticias, ejercer la violencia en cualquiera de sus formas. Quizás el más apto sea el que tenga comportamientos más solidarios, como esas partículas primigenias que se asociaron para crear los primeros micro-organismos. O quién adopte posturas más generosas, más empáticas o simplemente el que sea capaz de vivir con amor... En fin, ese es un enigma que se resolverá en milenios.

Pero para mí es muy oxigenante el haberme quitado esa visión de competencia por asegurarme un puesto en el podio de los supervivientes. Debo ser yo mismo, en mi mejor versión y esperar a ver qué pasa. Pero ya no me trago el cuento de los más fuertes que se creen con derecho a pasar por encima de mí en virtud de ese principio. O de aquellos que me señalan que siendo bueno en este mundo no se llega a ningún sitio. Y mucho menos acepto que el mundo exija el sacrificio de los más débiles como ley cósmica, para justificar este sistema actual. Amén..