sábado 14 de noviembre de 2009

Ellos lo ven, ellos lo hacen

En mi otra vida siempre andaba preocupado por darle a mi hija la palabra adecuada.

La palabra.

Supuestas lecciones de vida importantísimas de decir.

Si le explico bien cómo debe vivir y cómo debe ser, seguro que lo entenderá y hará lo correcto.

Después, el cambio.

Descubrí que lo importante no era lo que le decía, sino lo que ella veía que yo hacía.

Tal como me mostraba con mis amigos, así hacía ella con los suyos.

Tal como amaba yo a mi gente cercana, así hacía ella cuando no miro.

Nos empeñamos en enseñarles que no mientan, por ejemplo, les castigaremos si lo hacen.

Pero luego ellos ven como se le puede mentir a una visita incomoda en la casa. Nos ven mentir constantemente. En el trabajo, a los amigos, entre nosotros. Y si mentir es una palabra que suena demasiado fuerte, podríamos usar fingir, que es más asumible.

Nosotros mismos no cumplimos las normas que les queremos imponer.

Y sus ojos siempre están ahí aunque no nos demos cuenta de ello.

Tras ese importante descubrimiento me puse a pensar qué era lo que quería enseñarle a mi hija.

Pero esta vez sin palabras. Tendría que enseñarle con el ejemplo.

Quiero enseñarle a respetarse a si misma. Que es importante que nos conozcamos sin máscaras, sin engaños.

Ni una mentira más si quiero enseñarle el valor de no mentir. Sin excusas ni condiciones.

Quiero enseñarle que una persona debe encontrar su libertad. Y defenderla después.

Quiero enseñarle el poder del amor. Debo encontrarlo yo antes.

Quiero enseñarle el valor de respetar. Respetando.

Y por supuesto a controlar el miedo, a conocerlo y vencerlo.

Esa es mi meta. Ser todo eso, vivir así cada día y demostrarle por qué hay una razón de peso para hacer las cosas bien.

jueves 12 de noviembre de 2009

15 días en Agosto

viernes 30 de octubre de 2009

M.C. Escher


Conócete a ti mismo




Constrúyete


Ama

martes 20 de octubre de 2009

Gracias, Sinead

lunes 12 de octubre de 2009

Luzmaría Jiménez Faro- Mark Ryden


Hoy mi playa se viste de amargura
Porque tu barca tiene que partir
A buscar otros mares de locura...


Para contar cualquier historia vieja.
Para que el tiempo reconozca que sangre, o grito, o verso es vida.
Para decir tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía.
Para que las flores de Baudelaire encuentren esa capacidad de
asombro y abrir al hombre a una memoria compartida.
Para que las palabras que evitan desangrarse pierdan esa
solemnidad de pompas de jabón.
Para que este dolor de piedra y ala que se alza desde el pecho hasta la luna encuentre
la cicatriz precisa.
Para que este miedo con percusión oscura de campanas se seque al sol.
Para que esto y aquello no se nos vuelva añicos, debemos usar algo la locura.

Detesto a las abejas desde niña porque jamás poseerán
Los mares.